A pesar de los claros efectos beneficiosos de los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos, los pacientes con enfermedad de Parkinson continúan experimentando una amplia gama de síntomas motores y no motores que llevan a un marcado deterioro funcional, discapacidad y reducción de la calidad de vida.
En general está en aumento la evidencia científica sobre las intervenciones no farmacológicas en la enfermedad de Parkinson y particularmente en el caso del ejercicio y la fisioterapia.
Por otro lado, ejercicios alternativos como la danza o el tai chi están ganando popularidad entre los pacientes y los científicos. Sin embargo, los tratamientos no farmacológicos todavía no han sido estudiados ampliamente en un subgrupo de pacientes como son aquellas personas con Parkinson en etapas tardía. A menudo este grupo de pacientes son excluidos de los estudios clínicos, a pesar de que este tipo de tratamientos son particularmente importantes para estas personas tan vulnerables ya que, en las etapas tardías de la enfermedad, algunos síntomas pueden no responder adecuadamente al tratamiento farmacológico.
Se han publicado estudios de eficacia limitada de los tratamientos no farmacológicos en personas con Parkinson avanzado. Una posible explicación es que estos pacientes a menudo tienen deterioro cognitivo, y las mejoras en la función motora dependen del rendimiento cognitivo. Por ejemplo, para aprender nuevas estrategias de movimientos se debe entender y cumplir con unas instrucciones que puede resultarles difíciles de comprender y asimilar.
Si tenemos en cuenta que los pacientes con Parkinson avanzado, son más dependientes de sus cuidadores, educar a los cuidadores puede conducir a mejoras de los síntomas, del estado de ánimo y de la fatiga de ellos y de los pacientes.
Por lo tanto, el tratamiento en etapas más avanzadas del Parkinson no solo deben centrarse en la formación del paciente, sino también se debe instruir y educar a los cuidadores informales (familia) y los profesionales.
A medida que los pacientes se vuelven dependientes, los objetivos de los tratamientos pasan a ser: la mejora o mantenimiento de la funcionalidad y prevención de las complicaciones. Por ejemplo, la desnutrición, la deshidratación y la neumonía por aspiración están asociadas con la disfagia, esto puede ser abordado mediante la terapia del habla y el tratamiento dietético.
Las estrategias de tratamiento deben adaptarse a las necesidades y capacidades específicas de cada paciente.
Por otro lado, los pacientes con Parkinson están en riesgo de deterioro cognitivo tanto en etapas tempranas como tardías de la enfermedad. La terapia cognitiva puede ser una estrategia terapéutica potencialmente efectiva y la evidencia sobre este tipo de tratamiento es prometedora. La terapia cognitiva puede mejorar, entre otros, la función ejecutiva, la memoria y la velocidad de procesamiento.
Se necesita más investigación para desarrollar estrategias óptimas para los pacientes de Parkinson en sus diferentes etapas de la enfermedad.
Los tratamientos no farmacológicos y la terapia cognitiva son interesantes para los pacientes de Parkinson en fases avanzadas, este grupo de pacientes debería estar bien representados en los estudios clínicos futuros.