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24 abril, 2015 in-pacient.es

Los trastornos del sueño es una condición muy frecuente y durante mucho tiempo han sido considerados como un acelerador de diferentes enfermedades que tengan un componente inflamatorio tales como el Lupus Eritematoso Sistémico y la Esclerosis Múltiple.

Estudios recientes han demostrado que los trastornos del sueño y los trastornos del ritmo circadiano o ritmo biológico, aumentan las citoquinas inflamatorias (proteínas que favorecen la inflamación) acelerando o empeorando los procesos inflamatorios.

Los ritmos circadianos constituye el reloj biológico  humano que regula las funciones fisiológicas del organismo para que sigan un ciclo regular que se repite cada 24 horas, y que coincide con los estados de sueño y vigilia.

Esto no sólo implica un aumento potencial de brotes de la enfermedad, sino también un mayor riesgo de malignidad en un grupo de pacientes. Esto nos lleva a preguntarnos si existe o no un papel terapéutico en la normalización del ciclo del sueño y la optimización del ritmo circadiano en la prevención de los brotes de la EII.

Es evidente que las alteraciones del ritmo circadiano  provoca alteraciones del sistema inmunológico o de defensa.

Estudios recientes, en modelo experimental (modelo animal) han demostrado que la privación  de sueño, tanto de forma aguda como crónica pueden provocar el aumento de colitis inducida por fármacos.

Las personas con EII pasan por muchas situaciones que pueden provocar interrupciones del sueño incluyendo: deposiciones nocturnas, dolor abdominal, el uso de medicamentos para el dolor y corticosteroides. Esto provoca un círculo vicioso que se va autoabasteciendo en el que participan: Alteraciones del sueño, alteraciones del ritmo circadiano, incremento de la inflamación de la mucosa intestinal, incremento de la permeabilidad intestinal, incremento de la producción de la enzimas inflamatorias e incremento de la actividad de la enfermedad.

No está claro en qué momento las  alteraciones del sueño inducen el comienzo de la EII (de ahí el «huevo»), o más probablemente es un factor potencialmente modificable de la exacerbación de la enfermedad, por lo que es un efecto una vez que la enfermedad está presente (de ahí «la gallina»). Es evidente que hay una superposición y tal vez una exacerbación que se autoperpetúa de ambos.

Recientes investigaciones han puesto de manifiesto una relación entre la EII y los trastornos del sueño que afecta no sólo la calidad de vida, también puede ser un marcador de gravedad de la enfermedad. Parece que la EII está íntimamente asociada a los cambios fisiológicos inducidos por las alteraciones del sueño.

Es decir,  alteraciones en el ritmo biológico y los cambios en el sistema inmune que conducen a una inflamación que puede modificar la enfermedad. Nuevas pruebas sugieren incluso que las alteraciones del sueño puede aumentar el riesgo de malignidad.

Los tratamientos disponibles actualmente que están dirigidos a los trastornos del ritmo circadiano, incluyendo la melatonina, parecen tener escaso beneficio en los pacientes con EII.

Lo ideal es mejorar la calidad del sueño  para mejor gestión de la enfermedad.

Parekh PJ et al.  Sleep disorders and inflammatory disease activity: chicken or the egg? Am J Gastroenterol. 2015 Apr;110(4):484-8.   http://ow.ly/M2oUW

 

 

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