
Una revisión de reciente publicación nos actualiza sobre los problemas a los que se enfrentan los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) e intolerancia a la lactosa.
La intolerancia a la lactosa, conocida también como el azúcar de la leche, es causada por una deficiencia de lactasa, una enzima que nos ayuda a digerir la lactosa y que se produce en el intestino delgado. Los síntomas se presentan como molestias gastrointestinales tras el consumo de productos que contienen lactosa, tales como: dolor abdominal, diarrea, flatulencia e hinchazón. Pueden aparecer otros síntomas pero con menos frecuencia, tales como: dolor de cabeza, fatiga, disminución de la concentración, dolores musculares y llagas en la boca. Estos síntomas de la intolerancia a la lactosa aparecen cuando la actividad de la lactasa disminuye hasta en un 50%. Los síntomas aparecen después del consumo de más de 12 gramos de lactosa por día, lo que puede ser simplemente una taza de leche que puede contener entre 11-13g de lactosa. El queso curado incluye sólo unos 2 gramos.
La intolerancia a la lactosa se puede clasificar en:
- Intolerancia primaria: el más frecuente, como consecuencia de déficit progresivo de producción de lactasa.
- Intolerancia secundaria o adquirida: como consecuencia de anomalías en intestino delgado, tratamiento antibiótico, infección, enfermedad, etc.
- Intolerancia congénita: es muy rara. No se produce lactasa o en poca cantidad desde el nacimiento.
La intolerancia a la lactosa puede afectar hasta al 70% de los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) que incluye la enfermedad de Crohn y la Colitis Ulcerosa, especialmente aquellos que tienen afectado el intestino delgado y que lleva a una intolerancia a la lactosa secundaria.
Los productos lácteos de la dieta constituyen una fuente de calcio, potasio, vitamina D, vitaminas B y proteínas. Las personas con intolerancia a la lactosa, a menudo eliminan la leche y derivados de su dieta. Se sabe que alrededor de un 40% de los pacientes con EII activa y sobre el 33% de los pacientes en remisión, deciden eliminar de la dieta aquellos productos que tienen lactosa.
Por otro lado, el consumo de productos lácteos puede mantener el equilibrio del microbioma intestinal, que es un elemento imprescindible para hacer frente a la EII y, además, también su alteración puede afectar al metabolismo de los huesos, mediante el sistema inmunológico y endocrino.
Un meta-análisis previo demuestra que a mayor consumo de leche, menor es el riesgo de fracturas de cadera en mujeres. Además, está demostrado que los productos lácteos aumenta la DMO.
Los pacientes con EII son un grupo de riesgo para tener una DMO baja, por lo que el suministro de calcio es esencial para la prevención de la osteoporosis. Como hemos dicho, muchos de estos pacientes presentan intolerancia a la lactosa y por lo tanto evitan la ingesta de leche y productos lácteos, lo que provoca que más de un 80% de ellos no cubran las necesidades de calcio de su organismo. Además, estos pacientes tienen un riesgo de fracturas óseas 40% mayor a la población sana. Por lo tanto, deberán evaluarse de forma periódica los niveles de Vitamina D en estos pacientes, teniendo en cuenta el riesgo de desarrollo de osteoporosis siendo mayor en los pacientes con Crohn que en aquellos con Colitis Ulcerosa.
En conclusión, los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal e intolerancia a la lactosa requieren cuidados especiales que proporcionen un estado nutricional adecuado y eviten la disminución de la densidad de sus huesos.
Algunos productos, en particular las legumbres, las verduras y frutas frescas, pueden provocar malestar y síntomas gastrointestinales en algunos pacientes con EII. Los pacientes solo deben consumir productos que sean bien tolerados.
No existe ninguna evidencia científica para prohibir sistemáticamente el consumo de productos lácteos en pacientes con Crohn o Colitis Ulcerosa. Cada paciente es un caso diferente. Se debe insistir sobre la importancia de estos productos como parte de la dieta de estos pacientes.