Las neuronas son células fundamentales para el funcionamiento del cerebro humano y su degeneración progresiva y muerte lleva a un proceso de neurodegeneración que es el origen de muchas enfermedades neurológicas, entre ellas la enfermedad de Parkinson. La neurodegeneración es causada por varios factores de riesgo entre los que se encuentran el envejecimiento, la genética y factores ambientales. Estos factores pueden inducir una serie de mecanismos que llevan a la neuroinflamación y el estrés oxidativo (presencia de moléculas inestables llamadas radicales libres en el cuerpo y no existe suficientes antioxidantes para eliminarlas).
El estrés oxidativo juega un papel importante en diferentes enfermedades del sistema nervioso central, como en el Parkinson, Alzheimer, la esclerosis lateral amiotrófica y la enfermedad de Huntington.
Los antioxidantes se clasifican principalmente en dos tipos: los antioxidantes naturales y los sintéticos. Por otro lado, los antioxidantes naturales pueden ser moléculas endógenas (originadas en el interior del organismo), o bien moléculas exógenas que suelen encontrarse en frutas, verduras, nueces, y en otros alimentos. Los antioxidantes, tanto internos como externos, ayudan al organismo a proteger o reparar los componentes de las células del estrés oxidativo y así evitar o detener el daño que éste ocasiona.
En los últimos años, la atención de los investigadores se ha centrado en los compuestos antioxidantes de los alimentos. Los antioxidantes naturales como las vitaminas, los carotenoides (pigmentos responsables de la coloración de alimentos vegetales y animales, como zanahoria, naranja, tomates, salmón o yema de huevo) y los polifenoles (moléculas disponibles en las frutas principalmente), podrían considerarse buenas herramientas para prevenir el estrés oxidativo causado por los radicales libres en la neuronas dopaminérgicas ( aquellas responsables de segregar dopamina).
Por lo tanto, existe un efecto antioxidante potencial en varios componentes de la dietas y subproductos alimenticios que pueden prevenir el deterioro cognitivo. Por lo tanto, se puede decir con certeza que la dieta y el estilo de vida son fundamentales para las funciones cognitivas. De hecho, varios antioxidantes exógenos, presentes en los alimentos, tales como: vitaminas, polifenoles, selenio y zinc, entre otros, también pueden encontrarse en la sangre y en el cerebro en diferentes concentraciones.
Se han publicado los resultados de una nueva revisión que examina los conocimientos de los últimos 10 años sobre el efecto neuroprotector potencial de los antioxidantes naturales presentes en los alimentos y subproductos alimentarios.
Este nuevo estudio sugiere que los antioxidantes dietéticos pueden ser una herramienta importante en la prevención de la enfermedad de Parkinson.
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