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14 junio, 2018 in-pacient.es

Mientras que el tratamiento médico precoz de la Esclerosis Múltiple (EM) se ha demostrado eficaz, a la rehabilitación y actividad física en las fases tempranas de la enfermedad apenas se le ha dado atención ni relevancia en la práctica clínica. Una revisión de expertos publicada en la revista Multiple Sclerosis Journal, muestra como el ejercicio físico, al menos en los estudios clínicos, se inicia en etapas bastante tardías en las que sólo sirve como tratamiento sintomático.

El ejercicio físico, en forma de actividad física planificada y estructurada,  es una de las intervenciones rehabilitadoras de la Esclerosis Múltiple más prometedora y mejor estudiadas. Estudios recientes han demostrado los beneficios sobre el impacto de la enfermedad en la Resonancia Magnética, lo que hace suponer que la actividad física tiene un efecto neuroprotector y modificador de la enfermedad en personas con EM. Entre los síntomas de la enfermedad, el ejercicio físico ha demostrado de forma bastante consistente que mejora la fatiga, equilibrio, marcha, capacidad cognitiva, la depresión y la calidad de vida.

Los autores de la revisión han analizado todos los estudios en los que se valoraba el papel del ejercicio o el tratamiento mediante ejercicio de la Esclerosis Múltiple, encontrando que, en el mejor de los casos, la prescripción de ejercicio analizada, se hacía cuando la enfermedad ya tenía 4,9 años de evolución desde el diagnóstico. Existe por tanto una «ventana de oportunidad» de al menos 5 años, en la que el impacto del ejercicio no ha sido investigado.

La investigación con los tratamientos modificadores de la enfermedad ha demostrado que el tiempo de inicio del mismo es crucial para el pronóstico a largo plazo, ya que su objetivo es el de preservar la reserva neurológica del paciente (la capacidad del sistema nervioso central de compensar el daño ocasionado por la EM). Por ello, hay que aprovechar la «ventana de oportunidad» existente antes de que los daños neurológicos irreversibles se hagan manifiestos.

Si bien en el caso del ejercicio físico, el impacto del momento de prescripción no ha sido investigado, los hallazgos de la investigación con fármacos podrían justificar planteamientos similares. De hecho, estudios recientes en modelos animales han demostrado el efecto protector contra la actividad inflamatoria, desmielinización y pérdida de axones neuronales. En humanos, el ejercicio ha mostrado su capacidad para reducir la tasa de brotes de forma análoga a los tratamientos modificadores, aumentar el beneficio de algunos tratamientos y reducir las lesiones objetivadas mediante resonancia magnética.

Con todos los argumentos antes expuestos, cuesta entender por qué no se promueve el inicio del tratamiento con ejercicio físico antes, potencialmente desde el momento de la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad. Con ello posiblemente se pospondría la conversión a Esclerosis Múltiple definida y se ayudaría a preservar la reserva neurológica mejor que con el tratamiento médico solo.

Riemenschneider M, Hvid LG, Steaner E, Dalias U.Is there an overlooked “window of opportunity” in MS exercise therapy? Perspectives for early MS rehabilitation. Multiple Sclerosis Journal 2018, Vol. 24(7) 886–894

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