
La fatiga es uno de los síntomas que más frecuentemente comunican los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) tanto en los periodo con enfermedad activa, como en fase de remisión.
Esta fatiga que persiste en el tiempo tiene un alto impacto sobre la vida de estos pacientes, comunicando menor tolerancia al estrés, mayor sensibilidad, necesidad de períodos más largos para recuperarse de un agotamiento excesivo o incapacidad de realizar múltiples tareas.
La fatiga crónica puede interferir con las actividades laborales provocando mayor número de bajas y mayor necesidad de atención médica.
A día de hoy, todavía necesitamos comprender cómo evoluciona la fatiga en los pacientes con EII y qué características de estos pacientes afectan tanto a la gravedad como su curso.
Un nuevo estudio evalúa la trayectoria o evolución de la fatiga en un gran número de pacientes con EII (Crohn o Colitis Ulcerosa) durante un período de 9 años.
En este estudio se encuentra que la fatiga severa persistente evoluciona de forma diferente entre los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal.
La fatiga se mantuvo presente a lo largo del tiempo pero con diferentes niveles de gravedad. En este estudio, los pacientes con Crohn presentaron mayor gravedad de fatiga que aquellos con Colitis Ulcerosa. Ser mujer o tener hijos (padres y madres) fueron dos factores que se asociaron con mayor gravedad de la fatiga, tanto en pacientes con Crohn como con Colitis Ulcerosa.
El tabaquismo fue un factor de riesgo para niveles de fatiga más severos en pacientes con Crohn, pero no en pacientes con Colitis Ulcerosa.
Los pacientes que presentaban fístulas tuvieron más probabilidades de reportar niveles de fatiga elevados. Las fístulas ocurren con mayor frecuencia entre los pacientes con enfermedad de Crohn que en los pacientes con Colitis Ulcerosa. Los datos disponibles sobre las fístulas fueron limitados en este estudio, por lo que deben tratarse con precaución.
Los pacientes que presentaron una evolución más grave de la fatiga eran aquellos que tuvieron puntuaciones más altas de actividad de su enfermedad y menor bienestar psicológico. Se encontró una fuerte asociación entre la fatiga y la actividad de la enfermedad.
Por otro lado, los pacientes con fatiga severa persistente en el tiempo comunicaron menor bienestar y una gran proporción de pacientes con menor nivel de fatiga reportaron niveles más altos de bienestar. Esto se observó tanto en los pacientes con enfermedad de Crohn como lo de Colitis Ulcerosa. Esto destaca, aún más si cabe, el gran alcance del impacto de la fatiga sobre el bienestar psicológico de los pacientes con EII.
En conclusión, los niveles altos y constantes de fatiga están relacionados con mayor actividad de la enfermedad, por lo que el tratamiento debe enfocarse primero a reducir la actividad de la enfermedad y, al mismo tiempo, añadir intervenciones psicológicas para reducir la fatiga y ayudar a estos pacientes a convivir con ella su vida diaria.
Es importante identificar de forma temprana la fatiga en pacientes con EII dado su fuerte asociación con el bienestar psicológico de estos pacientes.