El dolor es un síntoma frecuente y muy complejo en la enfermedad de Parkinson con un impacto negativo sobre la calidad de vida. Se calcula que más de la mitad de las personas con Parkinson experimentan dolor, algunos sugieren que hasta el 80% de los pacientes pueden manifestar algún tipo de dolor.
El dolor se asocia a depresión, trastornos del sueño, alteraciones del estado de ánimo y disminución de la calidad de vida.
Cada vez disponemos de mayor número de estudios que indican que una mayor intensidad de dolor está relacionada con los estadios avanzados de la enfermedad de Parkinson y síntomas motores más graves. De todas formas, merece la pena señalar que en algunos pacientes el dolor aparece desde las primeras etapas de la enfermedad e independientemente de la afectación motora. Además, el sexo femenino, edad más temprana en el inicio del Parkinson y la coexistencia de otras enfermedades como diabetes o artritis también pueden llevar a mayor riesgo de dolor en estos pacientes.
En general, el dolor en el Parkinson suele ser muy complejo, varía de ubicación e intensidad probablemente a lo largo del tiempo. Como no se conocen bien los procesos que por los que aparece el dolor, el manejo y la gestión de este síntomas es todavía un reto importante a día de hoy. Además, existe un impedimento importante para el estudio del dolor en las personas con Parkinson ya que este síntoma es muy subjetivo por lo que su valoración será a través del autoinforme, es decir de lo que nos diga el paciente.
Un nuevo estudio ha investigado la evolución del dolor en casi 17.000 personas con Parkinson, estratificadas en grupos según el tiempo trascurrido desde el diagnóstico de esta enfermedad: enfermedad temprana (menos de 3 años de evolución); intermedia( entre 3 y 10 años) y posterior o avanzada (más de 10 años).
El dolor empeoró ligeramente en el grupo de enfermedad temprana y tuvo una trayectoria más estable en los grupos de duración intermedia y mejoraron en el grupo de enfermedad avanzada. En todos los grupo las personas con dolor entre moderado y severo se asociaron con un deterioro más severo, depresión, ansiedad, artritis, IMC más altos, e ingresos económicos y educación más bajos.
Estas diferentes variables pueden ayudar a identificar las personas con Parkinson que necesitan mayor atención y requieren de un seguimiento más estricto. En el fondo, estos resultados nos muestran que deberemos realizar un enfoque más individualizado que permita tomar decisiones sobre el tratamiento del control del dolor en estos pacientes.
En conclusión, el dolor es un síntoma heterogéneo que requiere de atención, valoración y control de forma individual, rutinaria y continuada durante las consultas médica ya que puede impactar de forma significativa a la calidad de vida de estos pacientes. Si tienes dolor ¡NO dudes en comentarlo con tu médico!
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