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7 julio, 2014 in-pacient.es

Hoy traemos a esta sección de noticias un interesante artículo de revisión sobre biomarcadores en la Esclerosis Múltiple publicado recientemente en la Revista de Neurología. Con él continuamos la serie de puesta al día y actualización de algunos de los más importantes aspectos de la enfermedad.

Resonancia Magnética.

La visualización de las imágenes de lesiones mediante resonancia magnética es desde que se dispone de ella, la prueba diagnóstica más importante de la enfermedad. Hasta ahora, la medida más utilizada es la valoración del número y volumen de las lesiones. Sin embargo, a pesar de que hay una relación entre volumen de las lesiones y discapacidad, y que es una forma válida de predecir evolución en las etapas iniciales, en las formas más progresivas de enfermedad la relación entre lesiones y discapacidad no es tan clara.

Actualmente se está investigando bastante la medida de la atrofia cerebral como marcador de pronóstico de la enfermedad y para valorar la eficacia neuroprotectora y remielinizadora de los nuevos fármacos.

Tomografía de coherencia óptica (OCT)

La OCT es una nueva técnica de imagen que permite ver el fondo de ojo de forma parecida a como hacen las ecografías pero con luz en lugar de sonido. Con esta técnica se puede ver el grosor de la capa de fibras nerviosas de la retina y el volumen macular o de la mácula de la retina. Es una técnica precisa y reproducible que se correlaciona muy bien con la clínica o grado de afectación del paciente y es sensible a los cambios que se pueden producir en el tiempo con la evolución de la enfermedad. Aunque no es una técnica muy extendida todavía, se perfila como un biomarcador relevante de degeneración neuronal.

Estudio del líquido cefaloraquídeo

Las presencia de las llamadas Bandas Oligoclonales (BOC) de inmunoglobulina G fue hace algún tiempo considerado un factor diagnóstico de Esclerosis Múltiple. Consiste en detectar inmunoglobulinas de tipos determinados a mayores concentraciones que el resto en el análisis del líquido que está presente en el interior de la médula espinal, ventrículos cerebrales y envolviendo al cerebro. Este fenómeno es muy común en enfermedades autoinmunes, pero hoy en día no se considera un elemento esencial para el diagnóstico. No obstante, sigue siendo útil su determinación para ayudar al diagnóstico en formas de enfermedad difíciles de diferenciar y como marcador de peor pronóstico en determinados casos.

La detección y análisis de los llamados neurofilamentos (NF) en el líquido cefaloraquídeo es una técnica de interés creciente. Se ha observado que existe una relación entre los NF y el tipo de enfermedad. Algunos NF se pueden utilizar como marcadores de peor pronóstico o para ayudar a tomar decisiones a la hora de elegir tratamientos y valorar la respuesta a los mismos. Es posible que en el futuro ocupen un lugar importante en la valoración de la enfermedad y su evolución.

Biomarcadores clínicos

Se entiende por biomarcadores o marcadores clínicos, aquellos que dependen de la sintomatología de la enfermedad y su observación por médico o paciente.

Los brotes siempre se han considerado un factor clave en la clínica. Hoy se tiende a considerar que aportan un valor relativo al pronóstico, ya que si bien durante los dos primeros años si parece que su frecuencia e intensidad está ligada a una peor evolución, con el tiempo este valor predictivo desaparece. La hipótesis que justifica esto es que en las primeras etapas de la enfermedad, la discapacidad depende de los focos de inflamación, mientras que con el tiempo depende de la inflamación difusa.

La medida de la discapacidad es el principal determinante de la evolución clínica y es la única variable que marca el curso de la enfermedad. La discapacidad se mide con la escala EDSS y hoy en día se postulan varios factores pronósticos de la evolución de la misma:

  • La edad de inicio más temprana que se correlaciona con una evolución más lenta.
  • El número y localización de las lesiones iniciales en la medida que lesiones localizadas en mas sitios distintos parecen predecir una peor evolución de la discapacidad.
  • La forma inicial de presentación de la enfermedad: quienes presentan formas primariamente progresivas parecen tener peor evolución que quienes comienzan con formas remitentes recurrentes.

 

Marcadores de respuesta al tratamiento

Este campo es de gran interés, y se están dedicando muchos esfuerzos investigadores para intentar predecir qué personas responderán o no a los tratamientos inmunomoduladores iniciales (interferón beta y acetato de glatiramer) y así poder plantear otro tipo de pautas de tratamiento. A pesar de ello todavía no disponemos de resultados concluyentes aunque se esperan avances en el futuro:

  • Determinantes genéticos de respuesta a interferón.
  • Determinación del llamado Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF) que se produce como respuesta al tratamiento con el Acetato de glatirámer y que se piensa puede ser un indicador de su nivel de eficacia.
  • Determinación de moléculas implicadas en la inflamación como el interferón gamma y la llamada interleucina 4 (IL4) como marcadores de respuesta al acetato de glatriramer.

 

Potenciales evocados

La técnica de potenciales evocados es una técnica sencilla que permite estudiar la función del sistema nervioso central y la transmisión nerviosa. Básicamente consiste en detectar la reacción del sistema nervioso central en forma de corrientes eléctricas ante un estímulo determinado. Estas corrientes se registran en forma de gráficas en las que puede valorarse el retraso o latencia en la respuesta, que dependerá de la desmielinización y la amplitud o intensidad de la misma, que dependerá del número de fibras o axones funcionantes que transmiten el impulso nervioso.

La utilidad principal de los potenciales evocados es definir si existe o no afectación de los nervios motores o sensoriales. Los potenciales evocados motores parecen tener relación con el nivel de discapacidad y con la respuesta al tratamiento, por lo que experimentalmente se pueden usar para valorar el pronóstico de la evolución de la enfermedad.

Adaptado de:
Fernández O, Martin R, Rovira A, et al. Biomarcadores en la esclerosis múltiple: puesta al día 2014. Rev Neurol 2014; 58 (12): 553-570. http://goo.gl/6bBxmI

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