
La Artritis Reumatoide es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por articulaciones hinchadas, rígidas y dolorosas. Con el paso del tiempo la actividad de esta enfermedad puede dañar las articulaciones y provocar la discapacidad o alterar su funcionalidad. Además, la Artritis Reumatoide se asocia con otras complicaciones, como el aumento del riesgo cardiovascular, trastornos gastrointestinales, alteraciones del sueño y depresión.
A pesar del gran arsenal de medicamentos eficaces para el tratamiento de la Artritis Reumatoide, algunas personas presentan una enfermedad refractaria o difícil de tratar y que, a pesar de los nuevos fármacos, se mantienen los síntomas y la actividad de la enfermedad.
Cada vez se reconoce más que la actividad de la Artritis Reumatoide se ve afectada, no sólo por factores biológicos, sino también por factores psicológicos y sociales (por ejemplo: educación, estatus económico, recursos y servicios sociales, etc.). Se sabe que estos factores psicosociales están asociados a mayor actividad de la enfermedad, con el dolor, peor funcionamiento físico y mayor búsqueda de ayuda para el tratamiento, entre otros.
Por lo tanto, los factores psicológicos pueden afectar al procesamiento del dolor y de la actividad de la enfermedad y a la calidad de vida de las personas con Artritis Reumatoide. La depresión, la ansiedad y la angustia psicológica se han asociado a peores resultados clínicos, menor nivel de actividad física y bajo cumplimiento del tratamiento, en estos pacientes.
Un nuevo estudio ha recopilado información detallada de los determinantes psicosociales que impulsan a la persistencia de la actividad de la Artritis Reumatoide. Los resultados de este estudio se alinean con estudios previos que postulan que los factores sociales como la educación, el empleo, la atención sanitaria y los recursos sociales, tienen un impacto importante sobre la actividad y el tratamiento de la Artritis Reumatoide. Estos factores sociales pueden interactuar con el contexto psicológico y personal de los pacientes y agravar el impacto de la actividad y el manejo de la enfermedad.
Por lo tanto, este nuevo estudio suma la evidencia de que más allá de los factores biológicos, los factores psicosociales también desempeñan un papel en la salud y en el manejo de la Artritis Reumatoide y existe la necesidad de que los profesionales sanitarios pregunten, apoyen e incorporen los aspectos psicosociales en la atención y tratamiento integral de las personas con esta enfermedad.
Cada vez disponemos de más evidencia científica que indica que abordar los aspectos psicológicos junto con las características sociales modificables, es decir, los factores psicosociales, en presencia de un tratamiento farmacológico adecuado, puede contribuir a mejorar los resultados clínicos de los pacientes con Artritis Reumatoide, minimizando el riesgo de fracaso del tratamiento y maximizando el potencial de salud para todos, independientemente de su origen social.